Llevo mucho tiempo preparando este post pues a medida que he ido reflexionando y leyendo sobre el tema he ido reafirmando la importancia que tiene el campo que voy a presentar en el desarrollo efectivo de cualquier educación que quiera lograr sus objetivos.
Cuando comencé a valorar las posibilidades del recurso que quiero ofrecer me estaba concentrando mucho en las capacidades mentales, su estímulo y desarrollo. Ahora que pienso estoy preparado me sobrecoge la amplitud de derivaciones que su uso puede tener no solo en la inteligencia mental, también en la emocional.
“La Pantalla Mágica”, así voy a llamar a este recurso. Podría apodarla “visualización interna” pero ese fue el nombre que puse cuando empecé a experimentar con mis alumnos y me consta que ese término les atraía.
Hoy desarrollaré mi post haciendo algo que los que me seguís sabéis no suelo hacer: citar. Entré de lleno en un tema que conocía muy básicamente en la forma práctica pero que conlleva unas vertientes teóricas muy importantes que debo exponer…
“Aprender es un proceso que no tiene fin. Siempre tenemos algo que aprender. Voy a demostrarlo con el método más poderoso que existe para enseñar y comunicarse: la metáfora. En las historias, en las parábolas, en las fábulas, el poder de la metáfora se encuentra concentrado Cuando se dice: «Erase una vez» o «Hace mucho tiempo», en realidad se habla del presente, de aquí y ahora. Las historias metafóricas son eternas. Uno de los deportes tradicionales de Alaska es la tala de árboles. Hay leñadores famosos con un gran dominio, habilidad y energía en el uso del hacha. Un joven que quería convertirse también en un gran leñador, oyó hablar del mejor de los leñadores del país y decidió ir a su encuentro. —Quiero ser su discípulo. Quiero aprender a cortar árboles como usted.
El joven se aplicó en aprender las lecciones del maestros después de algún tiempo creyó haberlo superado. Se ser más fuerte, más ágil, más joven, estaba seguro de vencer fácilmente al viejo leñador. Así desafió a su maestro en competición de ocho horas, para saber cuál de los dos podía cortar más árboles. El maestro aceptó el desafío, el joven leñador comenzó a cortar árboles con entusiasmo y vigor. Entre árbol y árbol miraba a su maestro, pero la mayor parte de las veces lo encontraba sentado El joven volvía entonces a sus árboles. Seguro de vencer. y sintiendo pena por su viejo maestro.
Al caer el día, para gran sorpresa del joven, el viejo maestro había cortado muchos más árboles que él.
—Cómo puede ser? —se sorprendió—. Casi todas las veces que lo miré, usted estaba descansando!—No, hijo-mío, yo no descansaba. Estaba afilando mi hacha. Esa es la razón por la que has perdido." (La visualización, una herramienta poderosa, Elsy Mata)
Se dan cuenta, ¿verdad? ¿De qué nos va a servir exigir que nuestros alumnos apliquen con esfuerzo y constancia sus capacidades si no les permitimos desarrollarlas, si no les enseñamos a afilarlas?
Bien, pues vamos a hablar de visualización… Comenzaré haciendo referencia a un personaje muy curioso, Miyamoto Musashi, un mítico guerrero samurai del Japón del siglo XV que antes de morir escribió un libro, “El libro de los cinco anillos”, que plantea una filosofía muy acorde con el famoso espíritu lapón. Nos centraremos si les parece en el tema base de este post. Musashi escribía sobre la necesidad de “unir los dos ojos” refiriéndose a la posibilidad de combinar la visión del ojo con la de la percepción. "La percepción es fuerte y ves aquello donde la vista es débil". Se deben ver las cosas desde una perspectiva amplia y hay que buscar siempre el enfoque adecuado para comprender las cosas. Musashi hizo una distinción entre dos formas de usar los ojos: el ken sería la visión superficial, lo aparente, el kan el acceso a la esencia de lo que vemos. La retina se divide en dos regiones: en la fóvea existen unas células, los conos, que nos permiten que enfoquemos con nitidez para enviar la imagen a nuestra mente consciente; luego está la periferia de la retina, con unas células muy sensibles llamadas bastones que nos permiten la percepción de todo lo que no se enfocó.
Justo estoy iniciando mi exposición y voy introduciendo conceptos que más tarde aprovecharemos. Es importante saber que en el nivel consciente se produce la visión superficial y que la periférica pasa generalmente muy desapercibida. Eso no implica que esa visión periférica, también llamada blanda, bien desarrollada, pueda resultar un recurso muy útil. Os avanzo que existe una conexión entre esa capacidad y el inconsciente que resulta un campo apasionante para cultivar.
El “inconsciente”, un término que asusta, ¿verdad? Pero no debería. He estado leyendo sobre el tema y podría extenderme páginas y páginas sobre el funcionamiento de la mente, del consciente, del inconsciente. Pero me limitaré a apuntar una información que me parece básica para seguir adelante: el Premio Nobel Gerald Edelman, en su libro “El Universo de la Conciencia o Cómo la materia se convierte en imaginación” propone la hipótesis de un núcleo dinámico cerebral donde se producen interconexiones funcionales, momentáneas y siempre cambiantes de distintos grupos de neuronas que ligan ciertas regiones de la corteza con estructuras profundas cerebrales. Dicho de manera sencilla el consciente está ligado constantemente al inconsciente y se sirve de él. Para Edelman el inconsciente trabaja a través de ejes funcionales de recorrido muy largo donde se producen permanentemente interconexiones que manejan una cantidad de información infinitamente superior a la conciencia.
Voy a dar un salto y me desviaré hacia un tema muy concreto pero, como no, muy ligado a los argumentos que estoy desarrollando: La lectura rápida. Parece ser que hay personas capaces de “leer” 25.000 palabras por minuto… Uff, son muchas, ¿no? Sería imposible aplicando la lectura convencional, la que todos usamos: palabra por palabra, de izquierda a derecha, línea a línea… Pero a lo que esa gente hace lo llaman “fotoleer”. Es muy interesante saber como realmente pueden hacer eso: de entrada se necesita estar relajado (“en un clima de estrés no se aprende nada”), luego debes usar la visión blanda, la periférica, ¿recuerdan? Esa “visión” fotografía los textos globalmente y los conduce hasta el inconsciente. Según he leído después de una lectura con esos métodos debes esperar entre 20 minutos y 24 horas para poder procesar de forma consciente lo leído. Durante este tiempo el inconsciente analiza lo leído, extrae lo realmente interesante y realiza las conexiones necesarias con lo ya sabido. Parece ciencia ficción, ¿verdad? Pero a lo mejor no lo es… ¿Saben? En uno de los artículos que leí dicen: “Pero si aceptamos, como defienden los expertos en Programación Neurolingüística, que "se puede procesar la palabra escrita en un nivel no consciente" involucrando en el proceso a toda la mente, entonces el paradigma de aprendizaje cambia radicalmente. Este nuevo paradigma no es el resultado de una visión demasiado optimista de nuestras posibilidades, ni tampoco ha surgido de la nada. Posiblemente su fuerza radique en que nos pertenece de manera íntima: es el modo como aprendimos a comprender el mundo en nuestra primera infancia. Es pues más una recuperación que una creación de nuevo cuño.” Vaya, vaya, los niños pueden… ¿Quizás podían antes de…? Mejor no entrar en eso…
Vale. ¿Qué les parece si doy otro salto? Nos centraremos ahora en una capacidad intelectual básica, la memoria. Como supondrán también estuve leyendo al respecto… Cuando observamos alguna cosa la imagen que vemos se traslada al cerebro de una forma más o menos profunda según la vivencia que conlleve la visualización: o sea, si simplemente miramos la huella que esa imagen deje será muy superficial, en cambio si la visión se acompaña de una vivencia sensorial o emocional importante la huella quedará más marcada. Partiendo de esta base parece claro que si queremos memorizar algo cuanto más rico sea el código perceptivo mejor. Hay que esclarecer aquí el concepto de riqueza, pues en él va una doble vertiente, un doble sistema de registro: aquello que procesamos nos implica unos registros verbales, lógicos e intelectuales que son propios del hemisferio izquierdo del cerebro; la vivencia sensorial y emotiva es característica del hemisferio derecho. Cuando vamos al cine y vemos una película que nos gusta podemos recordar fácilmente las escenas, incluso algunos diálogos… Si el mismo argumento nos lo dan escrito y nos limitamos a leer, ¿qué recordaremos? Está claro que esa película consiguió activar todas las áreas del cerebro y al leer solemos demasiado a menudo utilizar solo la mitad.
Si queremos educar la memoria está claro que debemos entender esa globalidad de captación de los datos: en el aspecto emocional cuidar la motivación, el deseo de saber, la concentración, …; en el campo intelectual no olvidemos enseñar las muy diversas técnicas que según la tipología de lo que se pretende memorizar pueden ser útiles; y no olvidemos que muy a menudo, más de lo que en un principio pueda parecer, la vivencia sensorial puede acompañar a un proceso de memorización.
Nos pasamos la vida inspirando información, pero realmente ¿cuánta de esa información acaba exhalando conocimiento? Estimular y educar la memoria de nuestros alumnos comportará una amplitud y riqueza mayor de esa base de datos increíble que luego les va a ser muy útil para, ¡tantas cosas! Para la oratoria, para la capacidad relacional, para la capacidad creativa e imaginativa, para la investigación y recaptación y procesamiento de nuevas ideas, para… ¿para la vida?
Y para terminar con el tema memorístico haré una última consideración: si entendemos la educación como la apertura de los potenciales de nuestros alumnos, debemos fijarnos como un objetivo muy importante trabajar para que en los aprendizajes desarrollen esa memoria que realmente les puede ser útil a largo plazo: la memoria que llaman “palanca”. Para ello no olvidemos lo apuntado anteriormente. ¿Saben? Se recuerda el 5% de lo que se escucha, el 20% de lo que se ve y el 90% de lo que se hace, ¿Alguien va a seguir dudando de la importancia vivencial de cada aprendizaje?
Sí, ya sé, deben estar cansados de tantos saltos…, pero, ¿me permiten un último saltito? Les aseguro que vamos a algo muy interesante…
Ya en la Grecia Clásica de Aristóteles los alquimistas usaban la visualización interna, la imaginación, para ciertos procesos de curación. Se han hecho estudios científicos que demuestran la fuerza que esa capacidad puede llegar a tener: ¿saben que el corazón puede acelerar su ritmo simplemente imaginando que corremos? Supongo que no es necesario que les cuente qué puede pasar si imaginan que la mujer o el hombre que aman y desean se encuentra a su lado… ¿Saben que el tamaño de su pupila puede variar según la imagen que estén visualizando internamente? Actualmente hay incluso doctores de reconocido prestigio que utilizan la visualización como refuerzo para el tratamiento de enfermedades como el cáncer…
Hace poco leí un artículo sobre un estudio que se hizo en EEUU. Un grupo de psicólogos se presentó en un instituto he hizo creer a una profesora de matemáticas que iban a pasar un test mediante el cual sabrían las capacidades reales de cada alumno para esa área. Pasaron los tests y luego se inventaron totalmente los resultados. Al entregarlos a la profesora ésta se mostró muy sorprendida sobretodo ante las presuntas grandes posibilidades de una niña: “Pero si no se entera de nada…” … “Pues es muy capaz”, le dijeron… Al final de curso esa alumna aprobó matemáticas con muy buena nota… El engaño no solo cambió la expectativa de la profesora, con su cambio de actitud alteró también la de la alumna… Las expectativas desempeñan un importante papel en los procesos internos. ¿No les parece un trabajo excitante educar a nuestros alumnos también en ese campo?
Recuerdo hace años un niño de párvulos que andaba medio triste porqué su padre estaba de viaje y hacía días que no lo veía. Le invité a cerrar los ojos y a “visualizar” a su papá. Luego lo convidé a abrazarle… ¿Saben? El niño sonreía… Luego le pregunté: “¿Estás mejor?” Y me respondió afirmativamente… Recuerdo también una niña muy preocupada pues quería dibujar un caballo y no sabía… Pedí que visualizara ese caballo que quería dibujar y lo hizo… Luego se fue más que tranquila y me dibujó, claro, un churro con no sé cuantas patas y… Sí, no se rían, la cuestión es que pudo dibujar su caballo… Recuerdo una sesión muy divertida: después de haber estado jugando en la pizarra a disfrazar a los niños y a las niñas de la clase cerramos todos los ojos y jugamos a visualizar a. Juan con bigote y barba, a Paula pintada de payasa, a… ¡Cómo nos reíamos todos! ¿Y? ¿A dónde voy? Simplemente pretendo indicarles que en la Educación Infantil el 80 o el 90 % de los alumnos tiene esa capacidad, la de visualizar, muy hábil… ¿Quiere alguien hacer la prueba en el bachillerato? Me temo que…
Bien, llegó el momento… He estado argumentando creo ya lo suficiente para poder escribir, con letras mayúsculas, la importancia que un trabajo rico de la VISUALIZACIÓN INTERNA en la escuela puede y debe tener. En la era de la imagen son tantos los apoyos que podríamos usar… Pero tiempo habrá para ir desarrollando temas y formas… Hoy creo que debo darles espacio para la reflexión y, eso sí, invitarles a descubrir con sus alumnos esa capacidad. Creo se sorprenderán. ¿Cómo hacerlo? ¿Por qué no presentarles, hablarles de esa pantalla mágica que se esconde en su interior? ¿Cómo acceder a ella? Pueden optar por respiraciones profundas, por contar hacia atrás con los ojos cerrados, por… En mi caso respirábamos tres veces profundamente, con los ojos cerrados, y luego decíamos las palabras mágicas: “Patris, patrás, pantalla mágica aquí estás”
Bueno, con esa invitación les dejo por hoy… Ha sido un fin de semana rentable, ¿no creen? 22 posts en dos días… Poco a poco… Ya saben… Un abrazo!